EL
MISTERIO DE LOS CALCETINES PERDIDOS
por
Maritere Rivera
Los calcetines nacen siempre
en “pares” técnicamente diríamos
que son gemelos, su madre
que es casi siempre una máquina, trata
de que todos nazcan
igualitos, idénticos, las mismas rayitas, los mismos puntitos ó los mismos
dibujitos. Así como del mismo largo, ancho y sobre todo ¡Del mismo color!
Los calcetines vienen al
mundo, pensando pues, en que siempre van a estar juntos. Siempre juegan, se
abrazan, se enredan y siempre están ahí, uno junto al otro.
Ellos siempre se protegen la
espalda, es decir se cuidan mutuamente, son muy buenos hermanos. Son felices
porque tienen una relación personal tan íntima, que casi siempre no necesitan
ni hablar, ellos se hablan con la mirada.
Es por eso que, cuando los
mezclamos arbitrariamente, ellos alzan la voz y levantan de más el pantalón
para que todo el mundo los mire y sea más evidente, que la persona, fue
descuidada al elegirlos, en las niñas lo hacen notar dejando de respirar, para cambiar
un poco de color ó metiendo la panza para verse más delgados ó hasta
desmayándose para que la gente advierta que no son par.
En fín, como todo el mundo
lo sabe, los calcetines siempre deben estar uno junto al otro ¿Saben por qué?
La verdad es que los
calcetines vienen a este mundo a cumplir la noble misión de proteger y dar
calor en nuestros pies. ¡Y… hay que ver lo que éstos pobres tienen que soportar!
Estos pequeños y fuertes soldados soportan todas las pruebas a las que los
sometemos, van con nosotros para protegernos del roce del calzado, soportando
la humedad, la obscuridad y la claustrofobia.
¡Por eso cuando salen del zapato respiran
aliviados!
Desafortunadamente, a veces
se ponen tan nerviosos y transpiran tanto que causan mal olor a su inocente dueño
(Que casi siempre es un pequeño que no se ha podido bañar por falta de agua o
tiempo, muchas veces porque ha estado tan ocupado conquistando galaxias en su
video juego, que ha postergado deliberadamente el baño, pero esa… ¡Es otra
historia!) Aún así los calcetines, siempre cumplen su labor con estoicismo.
Protegen aún a los humanos
más pequeñitos, que sin piedad los enfrentan a al frío, a la aspereza del piso
y además los bañan o los manchan de cosas nada agradables ¡Iughh!
Estos buenos soldados se
sacrifican por proteger a los pequeños de las enfermedades que constante mente
los acechan, ya que por experiencia saben que cuando los pequeños se enferman y
las fiebres se presentan ¡Serán de los primeros en tocar retirada y no podrán
volver hasta que el paciente se recupere! ¡Por eso se esmeran en cumplir cabalmente su noble labor!
¡Los calcetines son
entrenados en las fuerzas calcetineras nacionales!
Para hacer todos sus
trabajos sin quejarse y sin emitir ¡Ni, una sola queja! Ellos siempre se enfrentan
a los embates de las aspas de las lavadoras que los estrujan y los tallan sin
misericordia y obviamente deben saber nadar y bucear tan excelentemente ¡Que
serían campeones olímpicos! Porque después de cada puesta deben salvarse del torbellino
que se forma en la lavadora cuando se secan.
Se han reportado muchas muestras
de su heroísmo, porque ellos han preferido mutilarse ó cortarse antes que al
píe le pase algo. Los hemos visto cubiertos de sangre y ni así se quejaron.
Y ahí no paran sus demostraciones de valor: A
veces para la comodidad del dedo gordito ó del talón se auto-agujeran, para que
el talón ó el dedito se estiren.
¡Los soldados que protegen
nuestros pies son increíbles! Solo hay un enemigo mortal que los acecha,
llamado ¡EL MOUSTRO KOMECALCETINES!
Sí, así es, hay un enemigo
mortal de los calcetines y es un moustro despiadado que disfruta de desaparecer
a uno de ellos por que como todo el mundo sabe, los calcetines siempre deberían
estar juntos, pero, es sólo que a veces los pequeños soldados quedan tan
cansados después de alguna ruda misión ¡Que caen en un profundo sueño! Tan
profundo… ¡Que no pueden alertarse el uno del otro de la presencia del enemigo!
Es entonces cuando sigilosamente llega: ¡El
moustro komecalcetines! ¡Panzón y de cabeza aplastada,
dientes enormes y afilados, va gruñendo con su barrigota morada con verde y arrastrando sus enormes brazotes que le llegan hasta el piso. Además tiene unas patotas muy gordas con unas garras tan grandes que oviamente no les entraría ningún calcetín!
Avanza, lo más sigilosamente
que su gruñido se lo permite Y… ¡Zas! Secuestra a uno de ellos y lo devora
¡Devora a un solo calcetín! ¡Porque además el komecalcetines es muy bajito y
aun que quisiera no le cabrían los dos calcetines a menos que quisiera reventar
(Y… que lo han hecho ¡Hemos visto calcetines sin digerir en medio de las
calles¡) En fín el komecalcetines común, muy satisfecho de su fechoría, se llena la
panzota con un pobre calcetín!
Y esto lo hacen todos los moustros
komecalcetines del mundo, porque ellos ¡No son de provecho para nosotros!
Los komecalcetines tienen
tanta envidia de la utilidad de un par de buenos calcetines, que harán la peor
maldad con tal de acabar con la felicidad de los calcetines y su dueño.
Y como lo harán? Muy fácil, comiéndose a uno ¡A
uno solo, de los calcetines! Para que el dueño que generalmente es un humano, lógicamente
sin reconocer profundamente del heroísmo y sacrificio de sus calcetines ¡Se
deshaga del que quede solo! ¡Porque él dueño no se explica el misterio de los
calcetines!
Es por esto que ¡Los
calcetines cuando no se usan deben amarrase o hacerse bolita para protegerse!
Fin.